Hablar de una Mujer de Leyenda del Antiguo Egipto es evocar inmediatamente a Cleopatra, la última faraona. A diferencia de María Antonieta, de la que hablamos en este artículo, Cleopatra fue una auténtica soberana. Estratega y estadista, no dudó tampoco en utilizar sus dotes de seducción para conseguir sus objetivos. En un mundo dominado por hombres, Cleopatra supo jugar ambiciosamente sus cartas en favor de su reino en un escenario políticamente muy complejo. Aunque en cierto modo fracasó, ya que la dinastía de los Ptolomeos murió con ella y Egipto fue anexionado al Imperio Romano, dos mil años después la leyenda de Cleopatra sigue muy viva. Y está muy lejos de morir.

Una faraona con carácter

Cuando ascendió al trono de Egipto a los 18 años, Cleopatra ya era una mujer irresistible gracias a la amplísima educación que había recibido que la convertían en una reina culta y refinada. El imaginario popular recoge a Cleopatra como una mujer de fuerte carácter, ambiciosa e inteligente que, lejos de ser un títere de Roma, era ella quien movía hilos a su antojo.

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Éste es un rasgo que comparten muchas Mujeres de Leyenda: su halo de luz proviene principalmente de su poder, su bagaje cultural y sus amplios intereses, y no tanto de su belleza en bruto. Sí es cierto que muchas de ellas se encargaron de cultivar cualidades visibles como la elegancia o el estilo propio que favorecían los beneficios de la seducción, pero pocas eran el perfecto ejemplo del canon estético de la época.  En otro artículo hablaremos de las virtudes a nuestro alcance a las que muchas veces renunciamos si no poseemos la cualidad considerada matriz.

Pese a todo, como ha ocurrido con todas las figuras femeninas de la Historia, se ha especulado mucho sobre la belleza de Cleopatra. Dado que sus romances fueron decisivos en su trayectoria política, ¿era una mujer tan hermosa como para torcer el destino de hombres tan poderosos como Julio César y Marco Antonio? Los historiadores se inclinan por la idea de que no fue una extraordinaria belleza, sino su marcadísima personalidad, lo que la envolvía en un halo de fascinación capaz de rendir la voluntad de dos romanos tan notables.

Así lo recoge Plutarco en sus crónicas:

“Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje”

Triángulos amorosos en el Mediterráneo

Cleopatra ha pasado a la Historia como una auténtica mujer fatal que hizo perder la cabeza a dos de los hombres más importantes de la época. El famosísimo encuentro con Julio César tuvo lugar cuando ella contaba con 21 años de edad. Condenada a muerte por su hermano, que había usurpado el trono egipcio, cruzó a Egipto desde Siria arriesgando la vida y consiguió entrar en palacio y presentarse ante el César envuelta en una alfombra. Julio César se rindió a sus encantos inmediatamente e inició una guerra civil que devolvería el trono a la faraona. Con él, Cleopatra daría a luz a su primer hijo, Cesarión. Poco tiempo después, Julio César sería traicionado y asesinado y Cleopatra pondría los ojos en otro romano.

Si la historia con Julio César fue sobre todo un juego de política y seducción, no ocurrió lo mismo con Marco Antonio. La faraona y él iniciaron un romance tan pasional y tórrido que solo finalizaría con la muerte de los amantes. Cleopatra perseguía el sueño de Alejandro Magno de crear un auténtico imperio oriental y Marco Antonio luchó junto a ella por ese ideal durante más de una década, creándose numerosos enemigos en Roma que no veían con buenos ojos la influencia de la reina egicleopatra7--apcia. El declive de la pareja comenzó cuando Octavio, el archienemigo de Marco Antonio, decidió librar la batalla por el control de Egipto. Decidido a terminar con ellos, en plena guerra Octavio consiguió hacer llegar a Marco Antonio la falsa noticia de que Cleopatra había muerto. Roto de dolor, el general se quitó la vida clavándose su espada.

Cuentan las crónicas que Cleopatra, ante la muerte de su amante y su inminente caída, hizo un último y vano intento de seducir a Octavio. Ante su fracaso y para evitar caer en las manos enemigas, se suicidó en su palacio mordida por un áspid. Un punto y final trágico digno de los romances más dramáticos.

Acercarse a Cleopatra a través del arte

La lejanía espacio-temporal y cultural de Cleopatra ha propiciado que artistas e intelectuales nos muestren una visión menos histórica y necesariamente más personal del mito.

Una película imprescindible es Cleopatra. Este largometraje es, en sí mismo, otra leyenda. Sus protagonistas, Elizabeth Taylor y Richard Burton, bien podían haber sido los nuevos Cleopatra y Marco Antonio del siglo XX. Ambos actores comenzaron un romance en el rodaje tan escandaloso y tormentoso como el de los personajes que interpretaban

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También hay numerosísimos cuadros y esculturas inspirados en ella. Personalmente, me llama la atención el porte con el que los artistas imaginan a la faraona.

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Esos ojos negros

Los misteriosos ojos de Cleopatra también son una constante en el arte, aunque están más incleofluenciados por la idea de la mujer egipcia en general que por los de la reina en particular. Si buscas esa profundidad de mirada, lo mejor que he encontrado es el khol árabe, por encima de cualquier producto de cosmética occidental similar. Al ser un producto en polvo, es capaz de pigmentar hasta el rincón más minúsculo que quede entre dos pestañas. Su mayor virtud es también su peor defecto: precisamente por ser un producto en polvo, muchas veces cae en las mejillas y ensucia el rostro, pero los resultados que consigue merecen la pena. También se puede comprar en prácticamente cualquier bazar árabe de tu ciudad. En Madrid, lo encontrarás fácilmente en la zona de Lavapiés: prueba en las tiendas de la calle Tribulete.

¿Vives en Madrid? 

Entonces tienes la oportunidad de conocerla mucho mejor gracias a la exposición Cleopatra y la Fascinación de Egipto, hasta el 8 de mayo en el Centro de Exposiciones Arte Canal, con más de 400 piezas arqueológicas procedentes de colecciones de 80 museos y otros recursos como mobiliario, escenografías, vestuario, audiovisuales para mostrarnos un cuadro más completo de su vida en el Antiguo Egipto. La exposición no solo se centra en ella como soberana, sino que nos muestra también otras facetas más íntimas de la faraona: Cleopatra como mujer, madre y amante. También hay talleres gratuitos para niños en los que podrán, entre otras cosas, trabajar con jeroglíficos o construir pequeñas estatuas pintadas de azul simulando el lapislázuli.

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Aquí puedes descargar el dossier de prensa, muy completo y a todo color, donde puedes consultar más datos históricos de los que recoge este artículo. Organizaremos próximamente una visita y posterior tertulia (¿quizás en el Templo de Debod?) desde el grupo de Meetup Mujer de Leyenda. Si quieres estar al tanto de estas actividades, únete aquí.