¿Has soñado alguna vez con cruzar el Atlántico? Es posible que en pleno siglo XXI ya lo hayas hecho en alguna de las numerosas líneas aéreas comerciales que conectan ambos lados del planeta. Volar hoy en día es una actividad cotidiana al alcance de todos. Parece difícil recordar que hubo un tiempo no muy lejano en el que el océano que separa Europa de América solo era franqueable en barco. Sin embargo, ¿qué tal si hablamos de sobrevolarlo en avioneta y en solitario?

Amelia Earhart: primeros años 

Amelia Earthart no sabía que iba a ser la primera mujer en conseguir esa hazaña cuando a los 10 años vio un pequeño aeroplano sobre los campos de su tierra natal, Kansas (EEUU).  No siempre nuestra pasión y la razón de nuestra locura llama tan temprano a nuestra puerta.

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Una década más tarde, durante una exhibición a la que asistió con una amiga, comenzó a interesarse por la aviación cuando un piloto las instó con un cierto aire fanfarrón a observar su maniobra. Amelia sintió una extraña mezcla de miedo y placer mientras veía desde tierra cómo la avioneta caía en picado durante una acrobacia. En sus propias palabras: “No lo entendí en aquel momento, pero sentí que aquel pequeño aeroplano rojo quería decirme algo”.

Primer vuelo: el despertar

El 28 diciembre de 1920, en una feria de Los Ángeles, Amelia se subió por primera vez a bordo de un aeroplano. A los mandos, el también legendario piloto Frank Hawks. Su padre desembolsó 10 dólares por un vuelta de 10 minutos. Aquel paseo aéreo cambiaría para siempre su vida:

“Para el momento en que nos habíamos elevado 200 o 300 pies del suelo, yo ya sabía que tenía que volar”,  Amelia Earhart

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Tenía 23 años y acababa de descubrir su auténtico propósito. No tardó mucho en reaccionar: apenas unos días después, el 3 de enero de 1921, Amelia se puso en contacto con Neta Snook, otra piloto pionera e instructora, para recibir clases de vuelo, a un dólar por minuto en el aire. Algún que otro accidente y la sombra de la duda de Snook acerca de las auténticas habilidades de su estudiante no dibujaron el mejor de los comienzos, pero Amelia persistió y en 1923 obtuvo la licencia de piloto de la Federación Aeronáutica Internacional, siendo la decimosexta mujer en conseguirla.

Libre para volar

Probablemente Amelia recorrió su infancia y adolescencia como muchas de nosotras, adaptándose a su tiempo, realizando actividades que estaban preprogramadas para ella como mujer de su época  Sin embargo, un día sintió que su camino no se dibujaba sobre la tierra, sino en los cielos. Para ello tuvo que atreverse a probar, a montar en el aeroplano de Frank Hawks, a vencer el natural miedo a lo desconocido y a los peligros de una industria que aún estaba en pañales. La curiosidad la hizo libre. Libre para empezar, porque  descubrir tu pasión no es el final del camino: es el verdadero principio.

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Amelia fue mucho más que una aviadora. Fue una intrépida aventurera de los cielos que llevó su pasión hasta el final. Disfrutó de un gran reconocimiento en su tiempo y, gracias al equipo empresarial que formó con su marido, encontró la manera de financiar sus retos aéreos. Amelia Earhart también fue una gran impulsora de la aviación femenina: organizó The powder-puff derby, una carrera para mujeres piloto, y fundó la organización Las noventa y nueve, que incluía a 99 aviadoras de la época, siendo su primera presidenta.  Su desaparición en el Pacífico en su intento de dar la vuelta al mundo sigue siendo hoy en día un misterio…

Si quieres conocer más a fondo a Amelia Earhart:

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